Desaprender

Buenas noches,

Hay lugares que son portales a otra dimensión. Y uno de ellos es San Francisco, donde ayer llegué con mi compañera.

Más allá del trazado irregular de la ciudad, con sus montañas rusas de asfalto, y del aire vintage de toda la urbe, que te traslada físicamente a los años sesenta, este es un paraíso de las rarezas.

Nada más llegar, nos encontramos con una iglesia que está en venta. Luego descubrimos que el hotel que hemos reservado tiene una particularidad: todo el edificio está inclinado, como la torre de Pisa. La pendiente varía de una planta a la otra. En la primera habitación que nos dan, el desnivel es tan grande que al tumbarte en la cama te quedan los pies arriba y la cabeza abajo. Si pones una pelota en el suelo, rodaría rápidamente como por un tobogán.

Logramos que nos cambien a una habitación donde el desnivel es más suave y la cama, además, se inclina de forma ascendente hacia la cabecera, lo cual es más adecuado para el descanso.

Dejamos nuestras cosas aquí y empezamos a callejear en dirección al City Lights, la mítica librería de los beatniks, cuyo propietario fue llevado a juicio por obscenidad tras haber publicado el Aullido de Allen Ginsberg.

Solo por entrar aquí merece la pena haber viajado a San Francisco. Tienen una maravillosa selección de libros, y toda la planta superior está dedicada a la poesía beat. Se respira amor a la literatura. Husmeando entre las mesas, registro títulos tan interesantes como Instrucciones para amantes, Sonetos para una llave perdida, Amo a todo el mundo o Sandwiches de realidad, este último de Ginsberg.

De regreso a nuestro hotel, donde te sientes como en un barco en medio de la marea, veo que han dejado en el escritorio un libro misterioso. Traducido, su título es Desaprender. Su enigmático autor, Humble the Poet (Humilde el Poeta), abre con una frase de Lao Tse: “Para lograr el conocimiento, añade cosas cada día. Para lograr la sabiduría, quita cosas cada día.”

Esto me ha hecho pensar en una conversación con el artista Gerard Rosés que fue importante para mí cuando trataba de encontrar mi camino en el mundo de la escritura. Vino a decirme:

Has llegado hasta donde estás ahora gracias a todo lo que has aprendido, pero en adelante cualquier progreso dependerá de lo que seas capaz de desaprender.

Con el tiempo, he entendido que ese “desaprender” puede abarcar ámbitos muy variados, más allá de la creatividad. Por supuesto, incluye librarnos de hábitos que no nos ayudan y de ideas preconcebidas que son como muros.

Sobre lo primero, algo que he desaprendido últimamente es a insistir con aquellas personas con las que en realidad no te entiendes. No son ni mejores ni peores que tú, solo viven en un universo diferente al tuyo.

Mi yo del pasado, que aprendió a complacer y a ser amistoso con todo el mundo, se esforzaba siempre por tender puentes. Incluso cuando percibía que no caía especialmente simpático a una persona, seguía siendo atento y mostrándome disponible.

Estoy desaprendiendo todo eso.

Ahora, cuando noto poca sintonía, simplemente renuncio a la relación, no importa de quién se trate ni cuál sea su rango. Como decía Matthew McConaughey en las raras memorias que publicó durante la pandemia, si vas buscando los semáforos en rojo, en lugar de cruzar los que están verdes, te pasarás la vida detenido.

Y tú, ¿qué es lo que necesitas desaprender en este momento de tu vida?

¡Feliz semana!

Francesc

PD. En la cabecera, el lavabo de la habitación-barco de este hotel.

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