Buenas tardes,
Según informaciones del Banco Mundial, en nuestro planeta viven actualmente más de 8.000 millones de personas. Sin embargo, recuerdo que hace un tiempo, alguien me dijo:
—Francesc, creo que nos engañan con estas cifras. Si te fijas, vayas donde vayas aparecen las mismas personas una y otra vez. Mi conclusión es que en el mundo solo viven 10.000 personas en realidad.
Este comentario me llamó la atención, y lo cierto es que los encuentros fortuitos y las coincidencias desafían cualquier lógica o estadística.
Suelo contar que, en mi única visita a Pushkar, una ciudad india a la que acuden miles de peregrinos del país, mientras buscaba algún lugar donde refugiarme del monzón, vi a un joven de aspecto europeo bajo el toldo de un restaurante. Era el primer occidental que veía en toda la mañana.
Al charlar con él, no solo resultó ser catalán, sino que tras un rato de conversación descubrimos que éramos primos segundos. Nunca hasta entonces habíamos sabido el uno del otro.
Hace una semana, durante un retiro de Ikigai en Estambul, una de las doce participantes se me acercó para charlar. Me dijo que era húngara y que había oído decir que mi pareja también lo era. Al confirmarle ese dato, me preguntó cómo se llamaba:
—Anna Sólyom.
— Anna Sólyom, ¿la escritora? —dijo poniendo unos ojos como platos— ¿La hija de Zita?
—Sí, ¿la conoce? —le pregunte, sorprendido de que supiera el nombre de su madre.
—¡Claro que sí! Hace más de veinte años que conozco a Zita.
En Los lobos cambian el río, el primer volumen de mi biografía, explico cómo de adolescente recibí una tremenda patada en un combate de Tae Kwon Do, cuando practicaba con mucha torpeza este arte marcial.
Literalmente, salí volando, atravesé una cortina y caí sobre un montón de zapatillas y chanclas. En lugar de enfadarme, bromeé un poco con mi contrincante, que era más joven que yo.
Un mes antes de empezar la universidad, me puse a buscar trabajo en los anuncios clasificados de La Vanguardia. Necesitaba un empleo que me permitiera ir por las mañanas a la facultad, y uno de ellos parecía ideal.
Una taberna estudiantil de la calle Montsió, al lado de Els Quatre Gats que frecuentaba Picasso, necesitaba un camarero joven para trabajar a partir de las 18h de la tarde. No se exigía experiencia.
Llamé y una voz grave me informó que podía ir aquella tarde para una breve entrevista. Cuando llegué, supe que habían acudido ya decenas de candidatos. Al lado del dueño de Les Puces del Barri Gòtic, que era actor de cine y teatro, estaba su hijo de dieciséis años, Álex. Era el mismo que me había hecho saltar por los aires un par de años antes en el gimnasio.
—¡Cógelo, papá! —le dijo tras saludarme amistosamente—. ¡Es muy buen chico!
Así fue como aquella patada voladora y las risas consiguientes me procuraron el primer trabajo de mi vida, donde fui muy feliz e hice algunos amigos que, 35 años después, sigo conservando.
Lo dicho, no hay que hacer caso al Banco Mundial. En el mundo solo viven 10.000 personas. O es eso, o hay una magia inexplicable que une caminos y conecta a las personas.
¡Feliz semana!
Francesc
PD1. En la foto de cabecera, el encuentro cósmico de hoy: con mi amiga Nazareth Castellanos entrando a la misma hora en dos estudios de radio contiguos.
PD2. Como no todo puede ordenarlo el azar, aquí tenéis mi calendario de firmas este Sant Jordi en Barcelona:
11:00-12:00 ON THE ROAD (Passeig de Gràcia / Rosselló)
12:00-13:00 IKI BOOKS (c/València 286, al lado de Passeig de Gràcia)
16:30-17:30 OBELISCO (Passeig de Gràcia, entre Gran Via y Diputació)
18:00-19:00 FNAC ILLA (Avenida Diagonal 557)
19:15-20:00 VICENS VIVES (Pça. Universitat, llibres Test, paradas 23-24)