Buenas tardes,
Em mi época de adolescente «new romantic» tenía un single de La Mode que llevaba esta cita: «Las fiestas se dan sobre todo para aquellos a los que no se invita». Creo que la banda madrileña la atribuía a un intelectual francés, pero en todo caso es una gran verdad.
Así como hay partidos de fútbol en los que brilla el gran «tapado», aquel jugador del que nadie esperaba nada, las mejores cosas de la vida suceden «out of de blue», que dicen los anglosajones, como caídas del cielo. El filósofo de origen libanés Nassim Taleb llama «cisne negro» a aquel evento que impacta con fuerza, justamente, porque nadie lo había previsto.
Puedo dar fe de que esto es así tirando de dos acontecimientos recientes.
Uno es el viaje a Azerbaiyán del que acabo de regresar esta tarde. Hace apenas un año que estuve ya en Bakú para promocionar Ikigai en lengua azerí, y no estaba previsto que volviera. De hecho, por falta de tiempo y por lejanía, hay países a los que iré una sola vez en la vida.
Sin embargo, la popularidad del libro allí hizo que un promotor organizara una conferencia este mes en Bakú. Para compartir un poco los gastos, consiguió que la editorial se ocupara de comprar mis vuelos, a cambio de hacer una firma de libros tras el congreso.
Después de marearnos bastante, cuando faltaban unas pocas semanas para el acto, el organizador dijo que no podía organizar el congreso debido a una dificultad familiar. Quedaba cancelado. Yo llamé a mi contacto en la editorial por si les podían devolver el dinero de los vuelos. «Un viaje menos», suspiré casi aliviado.
La jefa de prensa al cargo me dijo que, lamentablemente, aquellos billetes no admitían devolución, así que si yo decidía no ir perderían todo ese dinero.
Soy consciente de lo heroico que es editar un libro en un idioma que solo hablan 10 millones de personas. Los tirajes son más pequeños y caros, el margen es mínimo, y cualquier pequeño descalabro hace que la editorial entre en pérdidas. Así que decidí viajar de todos modos.
En el largo vuelo hasta allí, me temí que este segundo viaje de promoción, tan cercano en el tiempo y obligado por las circunstancias, acabara siendo un fracaso. Si das una conferencia para 500 personas vas a vender después muchos libros a los asistentes, pero… ¿qué sentido tenía volver allí cuando no he publicado otra novedad en lengua azerí? En mi anterior viaje ya había firmado Ikigai a media ciudad.
Tural, el amabilísimo jefe de marketing que me acompañó estas 48 horas en Bakú, tenía la misma preocupación. En un acto programado en medio de un centro comercial, el sábado por la tarde, me dijo: «Puede que no se acerque nadie, así que tendremos una conversación pública tú y yo. ¿Te parece bien?». Yo le dije que perfecto.
A la hora prevista, sin embargo, nos vimos rodeados por un montón de lectores, la mayoría jovencísimos, que durante más de una hora no pararon de hacer preguntas, de pedir fotos y de traer libros para firmar.

Lo mismo sucedió con un club de lectura que se organizaba en domingo de 15h a 17h en una librería que se encuentra en un barrio institucional, desierto fuera de los días laborables. «Ojalá vengan diez o doce», dijo Tural, pero lo cierto es que se presentaron 30 lectores que conocían muy bien el libro y disparaban preguntas sin cesar. También acudieron dos televisiones nacionales —una por sorpresa— que querían recoger el acto.
El resultado fue que, cuando me marchaba esta mañana de Azerbaiyán, Ikigai se había puesto en el nº1 de la gran cadena de librerías del país. Y seguirá ahí tal vez por semanas. ¿Quién lo iba a decir?
Algo parecido, a escala menor, nos ha sucedido con mi amigo Ferran Cases. Siguiendo la invitación de la gente maravillosa del Teatro Metamorfosis, decidimos lanzar un espectáculo de humor e inspiración vital que se llama DOS TIPOS FELICES.
Mi experiencia, en ese mismo lugar, es que cuesta Dios y ayuda llevar a alguien al teatro. En nuestros conciertos allí, quizás vendimos 20 entradas y la mitad las compré yo para mis amigos. Así que pusimos las expectativas bajo cero en esta aventura:
«Si vienen diez espectadores ya estará bien», me dijo Ferran, muy cauto. Y yo concedí: «Esto mismo. Vamos a pasarlo bien y a hacerlo pasar bien a quien venga, aunque sean tres gatos. Que sea memorable.».
Cuando las entradas se pudieron a la venta, a los 5 días el teatro nos comunicó que había SOLD OUT. Se habían vendido todas las entradas disponibles, y habían recibido un aluvión de mensajes preguntando si habría otra función. Al final, ese show extra se hará el mismo 16 de noviembre, pero a las 12:00 del mediodía. Por cierto, en el link de abajo tenéis el acceso a esas entradas. Visto lo visto, no sé cuánto durarán y no podemos hacer una tercera función.
El mensaje de todo esto es que, en cualquier cosa de nuestra vida, no hay que tener expectativas y al mismo tiempo estar abierto a lo inesperado.
Aplicado al mundo de los libros, siempre pongo el siguiente ejemplo. Cuando escribí La biblioteca de la luna, pensé que había escrito el gran libro de mi vida. 6 años después, habré vendido unos cientos de ejemplares y nunca he recibido un e-mail de alguien que me diga que esta novela fue importante para él o ella. A su vez, escribimos Ikigai pensando en contentar a unos pocos frikis de lo japonés, y la que se ha liado…
Nunca se sabe, ni para bien ni para mal, lo que puede pasar. Tal vez la vida misma sea un cisne negro, siempre imprevisible y muchas veces indescifrable. Pides para salir a esa persona a la que estás convencido de gustarle y te da calabazas —me sucedió a mí—, mientras que a esa otra que te parece inalcanzable tal vez le encantaría quedar contigo.
El mundo es tan loco e incierto que hay que considerar siempre todas las posibilidades. Como decía el pintor Eugène Delacroix, la mejor actitud en la vida es: «Desear lo mejor, recelar lo peor y tomar lo que viniere.»
¡Feliz semana!
Francesc
PD1. El portal de lasentradas para DOS TIPOS FELICES: https://entradium.com/events/francesc-miralles-ferran-cases-son-dos-tipos-felices
PD2. En el medio, haciendo una pausa con Tural en Yanar Dag, la montaña que arde y arderá por miles de años.