El efecto Pauli: una historia friki

 

Buenas tardes,

Hay épocas en las que pasan muchos libros por tus manos, pero no logras que ninguno te atrape. Pueden estar bellamente escritos, o contienen informaciones de valor, pero no logran cautivarte porque les falta gracia, storytelling.

Estos días en la Feria de Guadalajara, en los ratos libres estuve trabajando a distancia con un autor amigo a quien le di este consejo:

«En los tiempos de la IA, donde puedes encontrar información gratuita de cualquier cosa en todas partes, o eres un gran contador de historias o nadie va a pagar por tu libro o por tu conferencia. No te puedes permitir ser aburrido.»

Gracias al cielo, últimamente he dado con un ensayo fascinante que tiene esta virtud. Tal como hago con los descubrimientos literarios, ya he encargado media docena de ejemplares para regalarlo a mis amigos. Por eso, no daré el título de esta perla hasta el lunes que viene, para no espoilear mi obsequio esta semana.

Mientras tanto, os voy a compartir una de las muchas historias que cuenta, sobre el llamado «efecto Pauli».

Wolfgang Pauli, que obtuvo el premio Nobel de Física y descubrió el neutrino, tenía otro don que era indeseable para sus colegas investigadores. Bastaba con que se aproximara a un equipo eléctrico para que este se estropeara.

En lo que sus colegas bautizaron como «efecto Pauli», su visita a Princeton provocó el incendio de un costoso acelerador de partículas que llevó a los bomberos seis horas poder sofocar.

Cuando en la Universidad de Gottingen explotó de forma inexplicable un dispositivo de medición, los investigadores se temieron que el susodicho estuviera allí de visita. Se comprobó que no estaba, pero Pauli admitiría poco después que había ido en tren a Copenhague para encontrarse con su colega Niels Bohr y que, justamente, cambió de tren en Gottingen a la hora de la catástrofe.

Su fama llegó a crear verdadero pánico en la comunidad científica, que hacían lo posible para lograr que Pauli no se acercara a sus carísimos equipos. A otros compañeros, en cambio, el asunto les parecía tan divertido que en una ocasión decidieron gastarle una broma pesada.

En un salón donde iba a tener lugar un congreso científico, manipularon una lámpara de araña para que cuando Pauli entrara se estrellara contra el suelo, aumentando así su mito. ¿Qué sucedió? Pues que, cuando nuestro hombre entró en el salón, el mecanismo que tenía que hacer caer la lámpara se atascó, frustrando la broma.

El «efecto Pauli» había operado una vez más.

¡Feliz semana!

Francesc


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