
Buenas tardes,
Cuando nos entrevistan sobre Ikigai y sale el tema de los cuatro círculos, Héctor suele puntualizar que el cuarto de ellos, LO QUE EL MUNDO NECESITA, a menudo se interpreta de manera equivocada. O como mínimo incompleta.
Muchas personas piensan que ese círculo de nuestro propósito personal obliga a grandes gestas, como crear un programa para sacar de la pobreza a miles de personas, o lanzar un mensaje que impacte en los cinco continentes.
Eso está al alcance de muy pocos, pero todo el mundo puede ser «héroe por un día», como cantaba David Bowie (aquí, en una actuación histórica de 1978: https://youtu.be/4qcAtflfVYs?si=HhvpD5oli6Hlxsru). Y lo mejor de todo es que podemos ser ese héroe cotidiano cada día de nuestra vida.
Lo que el mundo necesita es que quedes con ese amigo que está pasando un mal momento personal y necesita alegría. Tomar un café, ir al cine juntos, a un concierto o regalarle un libro puede ser el gesto humilde pero heroico que marque la diferencia.
Lo que el mundo necesita es que asumas cualquier interacción humana como una oportunidad para que el otro se vaya mejor de lo que ha venido.
Tuve un ejemplo extraordinario de eso hace unos días en el lugar menos pensado: en una oficina de los servicios funerarios de Barcelona. Gracias a las buenas gestiones de mi amiga Isadora, tras un limbo de quince años pude saber dónde estaban las tumbas de mis padres.
Llevaban todo ese tiempo sin pagarse, así que me concertaron una cita para poner los números al día y cambiar la titularidad de los nichos.
Se trata de gestiones engorrosas, así que me esperaba encontrar al otro lado de la mesa a un funcionario gris y malhumorado. Cuál fue mi sorpresa cuando, tras subir a las oficinas del tanatorio de Sancho de Ávila, me atendió un hombre extremadamente amable y dedicado.
Además de hacer el papeleo correspondiente, me explicó con mucho cariño y detalle dónde estaba el nicho de mis padres, cuál era la mejor manera de llegar hasta allí, dándome toda clase de indicaciones para que no me perdiera.
Ante tan buena disposición, le pregunté también si podía ayudarme a encontrar la tumba de mi tío favorito. Feliz de atenderme, se puso a buscar y enseguida dio con el difunto en el cementerio de Montjuic. Me advirtió de que ese camposanto era enorme y que debía estar atento a sus instrucciones para localizar ese nicho.
Me imprimió planos, sobre los que trazaba mi ruta con un bolígrafo, e incluso me reveló un dato de mi familia que desconocía. Yo siempre había creído que mi madre tenía siete hermanos. En el nicho de mi tío José María, sin embargo, aparece un José María muy anterior, con el mismo nombre y apellidos.
—Hubo un noveno hermano en la familia de tu madre —me dijo—. Y por la fecha de su muerte, era un párvulo. Años después le pusieron el mismo nombre a tu tío favorito.
Aquellos 25 minutos que estuve en la oficina, además de hacerme cargo de las sepulturas de mi tío y de mis padres, fueron una pequeña sesión de constelaciones familiares. Se puso nombre y se dio lugar a un miembro secreto de la familia, lo cual según Hellinger pacifica el sistema.
En suma, aunque parezca una paradoja, ese empleado de la funeraria atendía mis consultas y dudas como si le fuera la vida en ello. Fue mi héroe del día. Salí del tanatorio con el ánimo ligero, con mucha más fe y simpatía por la humanidad. Era justo lo que yo necesitaba, lo que el mundo necesita.
¡Feliz semana!
Francesc
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