Monday News: El tiempo debe tener una pausa

Buenas noches,

Este mediodía he grabado los últimos Ikigai Café, el 39 y el 40, que se estrenarán en 1 de julio y el 1 de agosto. Luego haré un parón, porque el 1 de septiembre tendremos la filmación de The Ikigai Show con Antoni Bolinches, para todos aquellos que no han conseguido entrada (se agotaron hace tiempo) o que viven lejos de Barcelona.

Creo que es bueno descansar hasta el año que viene, porque entre el nuevo Ikigai Show, que es trimestral, el Ojalá lo hubiera sabido antes El club de los escritores, quincenal y semanal respectivamente, es ya demasiado. Siento el cansancio acumulado de todo el curso, sumado a que llevo siete meses escribiendo la novela de amor que pronto acabaré, el proyecto literario más ambicioso de mi vida.

Como el título de la novela de Huxley que comparto en la cabecera (en su primera edición), el tiempo debe tener una pausa.

Ahora que se acercan temperaturas de 40 grados —al menos, por aquí— y que todo se va aletargando, sería un contrasentido seguir echando leña al fuego. Como nos recuerda Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio, «El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza hasta convertirse en autoexplotación

Como antídoto para este frenesí autoimpuesto, un cuento que narré de memoria (jamás logré encontrar la antología donde lo había visto) en El libro de la toalla, firmado por Allan Percy:

Se cuenta que dos jóvenes veraneantes que habían salido de excursión empezaron a caminar por un sendero entre suaves colinas. No había nadie en aquella comarca, así que fueron repasando los hitos que habían vivido aquellas vacaciones.

Uno de ellos destacó el encuentro con una fascinante muchacha con quien se habían intercambiado los teléfonos, y a quien esperaba ver cuando regresaran a la ciudad.

El otro sacó pecho al recordar a su amigo que había logrado completar la media maratón que se había celebrado en una localidad cercana de donde hacían vacaciones.

Conversaban de todas estas cosas cuando, a lo lejos, vieron a un hombre solo sentado en la ladera de una colina. Tenía la cabeza un poco baja y su mirada parecía apuntar al abismo.

—¿Te has fijado en ese tipo? —dijo uno de los caminantes— Me pregunto qué le debe pasar…

—Yo creo que se ha perdido —opinó el otro—. Debe de hacer tiempo que busca el camino de regreso al lugar del que ha partido. Quizás podamos ayudarle.

—Quizás sí, pero no creo en absoluto que se trate de eso —le corrigió su amigo—. Parece un hombre joven. Yo de él seguiría caminando hasta llegar a algún lugar. Todos los caminos llevan a algún sitio al final. Si no se levanta es porque está enfermo y necesita ayuda. De otro modo estaría en el camino como nosotros.

La discusión siguió, cada uno defendiendo su hipótesis, hasta que llegaron a la ladera en la que estaba sentado el hombre que había inspirado tantas cábalas.

Uno de los excursionistas levantó la voz para preguntarle amistosamente:

—¿Estás perdido?

El hombre de la colina negó con la cabeza. El segundo caminante preguntó entonces:

—¿Estás enfermo?

La respuesta que recibió fue la misma.

Intrigados, los dos amigos preguntaron entonces al unísono:

—Entonces, ¿qué haces aquí?

El hombre de la colina esbozó una sonrisa y, con voz serena, dijo:

—Simplemente, estoy.

¡Feliz inicio de verano!

Francesc

PD. Dos incunables míos que he rescatado a través de Amazon:

Ojalá estuvieras aquí: https://amzn.eu/d/09M3ehKM

Retrum 2https://amzn.eu/d/08e3O5OB

Nota: La primera parte, RETRUM, puede comprarse de segunda mano y sigue estando en el catálogo de la editorial.

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