Tu misión en la vida

Buenas tardes,

Ayer por la noche, el teatro Metamorfosis de Barcelona estaba abarrotado de amigos y amigas que querían presenciar el primer Ikigai Show.

Con Antoni Bolinches, sudamos la gota gorda durante hora y media, porque no nos llegaba el aire acondicionado y aquello se convirtió en un auténtico horno. Aun así, nos entregamos a la misión de inspirar al público, en un acto que —según nos comentan— estuvo lleno de magia.

Además de conversar sobre la vida y revelaciones de este gran psicólogo, Miguel Aranda subió a cantar las tres canciones que le marcaron. Fueron interpretaciones maravillosas que hicieron llorar al propio Bolinches, quien también nos compartió tres objetos significativos de su biografía.

En otro momento estelar de la noche, mientras Antoni explicaba que fue asesor de Eugenio, el hijo mayor del genial humorista —que actúa como Reugenio— subió al escenario a contar tres chistes. Con un talento descomunal, Gerard Jofra nos hizo llorar de risa.

Luego Bolinches contestó las consultas existenciales del público, y sus respuestas tuvieron un enorme valor terapéutico.

Al terminar el acto, que se podrá ver grabado el 1 de septiembre, bajamos a saludar al público. Había muchas caras de felicidad, y eso nos hizo sentir que el esfuerzo había valido la pena. ¿Qué puede haber más importante que hacer felices a los demás? No hay propósito más elevado.

Para cumplir con esta misión, sin embargo, no es necesario actuar en un teatro, dar conferencias, escribir libros, ni llegar a miles de personas de cualquier otro modo. La mejor felicidad es aquella que se sirve en envases individuales. Y a veces se tarda media vida en comprender que eso es lo más importante que un ser humano puede hacer.

En la novela que terminaré este mes de julio, la protagonista femenina pasa por etapas muy diferentes. Al llegar al ecuador de la vida, se da cuenta de que la única manera de llenar su vacío existencial es ayudar a aliviar el sufrimiento de los demás, incluso el de los desconocidos.

Su amigo desde niño, que siempre la ha amado y cuyo destino se va entrelazando con el de ella, viaja a Londres para visitarla. Ella hace mucho que reside allí y, unas horas antes de la cita, mientras da un paseo por el barrio la ve salir de su casa con la bolsa de la compra.

Él se permite seguirla a cierta distancia para observar cómo es, años después, la vida de su enamorada. Ve cómo entra en una panadería y, al salir, se agacha a entregar un café con leche y una pasta a un anciano homeless que está clamando contra el cielo.

La expresión del hombre cambia de repente al verse atendido. Además de recibir un desayuno, ella se detiene a charlar unos minutos con él. Cuando se levanta para marcharse, el anciano es un poco más feliz, y lo mismo le ocurre a ella, que camina con más brío y ligereza de regreso a su casa. 

Al encontrarse, unas horas más tarde, él no le dirá que la ha visto en acción, pero ella le cuenta la fase existencial en la que está: ha entendido que la felicidad no es algo que haya que esperar, como a quien favorecen los astros, sino que la puede crear cada ser humano en todo momento y lugar, con cada persona que se cruza en tu camino.

No contaré hacia donde le lleva eso, ni qué sucederá entre ellos en esta historia de amor a lo largo del tiempo.

Solo diré que ayer me sentí un poco como ella, al terminar el acto que tuvo lugar en el pequeño teatro de nuestros amigos Laura y Rui. Y aunque no pude dormir por la noche debido al golpe de calor, el mío era un insomnio muy placentero.

Hacer felices a los demás te da felicidad. Y cada cual tiene su propia manera de hacerlo. ¿Cuál puede ser la tuya?

¡Feliz semana!

Francesc

P.D. El próximo Ikigai Show será el 1 de noviembre, pero quienes viváis cerca de Madrid tenéis la última oportunidad de ver Dos Tipos Felices, junto a mi querido Ferran Cases, este viernes a las 20:00 en el Teatro Escondido de la Gran Vía. Entradas aquí: https://shorturl.at/OBt4i

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