
Buenas tardes,
Para todas las personas que tienen el agosto como mes de vacaciones, ven ahora cómo el tiempo adquiere otra dimensión. Liberados de las obligaciones del trabajo, los días parecen estirarse casi como en la infancia. De repente, parece haber tiempo para todo.
Sin ir más lejos, yo despejé ayer la mitad de mi escritorio de los cientos de cosas que se habían ido acumulando allí durante los meses de prisas y urgencias. Espero mañana acabar la otra mitad.
Poner orden se parece a editar un libro, en el sentido de que lo importante es quitar. Tienes que eliminar todo aquello que ya no usas. Vas despejando el terreno hasta que solo queda lo verdaderamente importante, aquello esencial en el argumento de tu vida.
Y cuando, por ser demasiado optimista con la agenda, uno tiende a hacer demasiadas cosas, como es mi caso, hay que hacer de forma periódica una auditoría para entender en cuántos líos andas metido.
Solo en el capítulo blogs & podcasts, que no forman parte de mi trabajo remunerado, me di cuenta de que había cargado con demasiadas obligaciones. Por eso decidí pausar el Ikigai Café mensual hasta el año que viene. A fin de cuentas, hay 40 programas grabados y los seguidores pueden recuperar mientras tanto los programas que no han oído.
Aun así, ahora mismo me podéis encontrar aquí:
- Cada martes por la tarde un nuevo capítulo de OJALÁ LO HUBIERA SABIDO ANTES, junto a mis queridos Antoni Bolinches y Álex Rovira.
- Quincenalmente en EL CLUB DE LOS ESCRITORES, donde con mi amigo Valen Bailón charlamos sobre asuntos editoriales.
- Trimestralmente en THE IKIGAI SHOW, espectáculo en directo en el teatro barcelonés Metamorfosis, con invitados con un propósito vital extraordinario. El próximo será el 1 de noviembre (pronto sabréis con quien), y el que tuvo como protagonista a Antoni Bolinches lo podréis ver en los canales de Ikigai Café el 1 de septiembre. Fue maravilloso.
- Y, por supuesto, cada lunes este blog que empecé hace ya mucho tiempo.
A la vista está que no se notará que haga una cosa menos, ya que sigo metido en demasiados proyectos. Y aquí viene la cuestión que quiero abordar en este post: ¿Cómo te las arreglas cuando hay mil cosas que querrías hacer pero «no te da la vida», como se dice vulgarmente?
La clave de este asunto la encontré en el ensayo Cuatro mil semanas de Oliver Burkeman. Su título hace referencia al promedio de una vida humana.
Este periodista británico dice que no se trata de ser más productivo ni de optimizar el tiempo, ya que con ello solo lograremos estresarnos aún más, sino de hacer menos cosas mejor hechas. ¿Obvio, cierto? Pero aquí viene la madre del cordero: no se trata de sacarnos de encima aquello que no nos apetece (reuniones innecesarias, amigos plomizos, tareas aburridas). Eso sería muy fácil.
Solo tomas verdaderamente el control de tu tiempo al renunciar también a cosas que te gusta hacer.
Si sumas todas las cosas que haces por gusto, puede que tampoco te salgan los números, como yo contando mis podcasts (además de las entrevistas que me hacen en muchos otros). Hay que quitar también de ahí, liberar tiempo dentro de lo que nos gusta para priorizar lo importante.
¿Y qué es lo importante? Aquello que te hace sentir especialmente bien, porque está conectado con tu talento, propósito o misión.
Un ejemplo muy sencillo: si para ti lo importante es escribir, pero «no te da la vida», porque tienes trabajo, familia, etcétera, quizás deberás cambiar tu sesión nocturna de televisión, por mucho que te relaje, por encerrarte en tu habitación a teclear. O acostarte muy pronto —sin tele— para levantarte una hora antes para escribir, si estás más lúcido por la mañana.
Al principio te costará renunciar a ver esa película o tu serie favorita, sobre todo si los tuyos están ahí, pero el orgullo que sentirás cuando lleves varios días cumpliendo contigo te aportará una satisfacción mucho mayor.
Puedes hacer valer esa prioridad cinco días por semana, por ejemplo de domingo a jueves, y cuando el viernes te permitas nuevamente la tele será como ir al cine. Tendrá un valor especial y lo disfrutarás más.
Puesto que la vida está hecha de tiempo, el modo en el que lo utilizamos define nuestro rol en ella. ¿Quieres ser un mero espectador de la vida o prefieres actuar, y hacer de una vez lo que te pide tu alma?
¡Feliz semana!
Francesc