Buenos días,
Además de haber escrito tal vez un centenar de libros —nunca los he contado—, a lo largo de mi vida editorial he ayudado a nacer muchos más. Trabajando de editor, exploraba tendencias en revistas como Publisher’s Weekly, además de rastrear ferias internacionales, aunque siempre me ha gustado más crear proyectos desde cero.
Esta es la forma más creativa de ser editor. Identificas un nuevo tema, algo que no existe pero que debería existir. A continuación, buscas al autor/a ideal para ello y le supervisas para que acometa el proyecto con éxito. Es un peldaño por encima de mi anterior misión como sherpa literario, ya que solo acompaño a escritores profesionales. Discuto con ellos el guion y edito un poco el texto para que sea idóneo. Algo así como el trabajo conjunto de los creadores de series televisivas.
Normalmente soy yo quien da la idea de base, pero a veces el autor llega con una idea deslumbrante. Este es el caso práctico que voy a contar.
Por falta de tiempo, casi nunca puedo leer manuscritos de nadie. Sin embargo, Coia Valls, una amiga escritora por la que tengo gran aprecio, me pidió si podía valorar la novela de una amiga. Se trataba de una autora que había publicado ya tres libros, dos de ellos premiados y uno finalista.
«Debe de tener una flor en el culo», pensé, sintiendo curiosidad por lo que necesitaba de mí. Al parecer, había completado una novela para adultos y tenía dudas sobre ella.
—Yo cobro por mi tiempo —le dije a Coia— y no soy barato, porque tiempo para leer tengo muy poco.
—Mi amiga estará encantada de pagarte, si aceptas estudiar su manuscrito.
Así fue como leí el libro en cuestión, después de meses sin aceptar una tarea así, y revisé también sus publicaciones anteriores. Quería hacerme una idea de quién era la autora. Después de tomar mis notas, nos citamos en Interior de té, la famosa tetería de Gràcia que es casi el salón de mi casa.
Tras decirle todo lo que podía hacer para mejorar su novela, quise ser sincero con ella:
—Este libro te lo publicarán, porque está bien escrito y aún lo podrás afinar un poco, pero no venderá más de mil o dos mil ejemplares. Si quieres hacerte famosa como escritora, con este no será.
Puede sonar un poco bruto, pero siempre he creído que para ayudar de verdad a un autor hay que sacar el mazo. Bastante gente te da palmaditas en el hombro sin haberse leído la novela en realidad. Ella me escuchaba muy atentamente con sus ojos claros, comprendiendo lo que le explicaba, y finalmente dijo:
—Aparte de esta novela terminada, tengo algunos proyectos más en mi carpeta. ¿Aceptarías volver a reunirte conmigo para que te los cuente?
—Sin problema, así lo haremos.
Una semana más tarde nos encontrábamos en la misma tetería. La autora empezó a sacar papeles con notas y me contó tres o cuatro novelas. Yo le iba diciendo, «de acuerdo, ¿qué más tienes?». Hasta que finalmente declaró:
—Tengo en mente un thriller un poco raro. Se llama El Principio de Incertidumbre y trata de un asesino que mata a sus víctimas siguiendo experimentos de la Física Cuántica.
—Wow… —le digo— Eso suena muy bien. Y me encante el título. Pero… ¿has escrito thriller alguna vez?
—Nunca.
—Entonces, falta ver si serás capaz de hacerlo.
—Déjame probarlo —me pidió—. En unos días te mando los primeros capítulos.
—De acuerdo.
Al despedirnos, yo me sentía bastante escéptico. Un thriller es un artefacto difícil de montar, si no tienes experiencia en el género, y cuesta mucho crear personajes con los que los lectores empaticen.
Pocos días después, Sònia Guillén —así se llama la autora— me mandaba las primeras páginas de El principio de incertidumbre. Desde el arranque me dejó con la boca abierta. Parecía escrito por una autora con veinte novelas de éxito a sus espaldas. La historia enganchaba de buen inicio y los personajes eran inolvidables.
—Te haré un poco de editing y quiero hablar contigo sobre el guion, pero creo que esto se va a publicar en una buena editorial.

Dicho y hecho, hace menos de un mes y medio se publicaba la novela en Contraluz, un sello de Hachette muy orientado al bestseller. En este corto tiempo está recogiendo ya muchos comentarios y elogios. Los lectores aseguran pasarlo bomba con esta lectura adictiva, y no me extraña.
Mientras me tomo un descanso antes de escribir mi próximo libro, estoy supervisando un par de proyectos más. Mi misión es descubrir nuevas estrellas y «hacer que suceda» —make it happen, en inglés—; a partir de aquí, la magia del universo decidirá si una obra es para 3.000 lectores o para 3 millones.
Si vuestros gustos se acercan a los míos, os recomiendo encarecidamente esta lectura. Agarraos que vienen curvas…
Más información de El principio de incertidumbre aquí.
¡Feliz semana!
Francesc
PD. Para los que me preguntáis por el Gato Miralles, desafortunadamente nunca llegué a conocerle, porque se lo habían llevado dos días antes de que fuera a adoptarle.