El libro de las horas

Buenos días,

Según las Naciones Unidas, hay 180 divisas en el mundo, algunas de ellas compartidas por diversos países, como el euro o el dólar. Nos sirven para intercambiar cosas, pero por lo que respecta a las decisiones que toma, el ser humano paga en una única moneda, que es el tiempo.

Cada vez que te proponen o que tú propones algo, eso tiene un coste en horas, es decir, en vida. Algunos ejemplos típicos de alguien con mi profesión:

  • Un autor que no conoces te pide que leas su libro y se lo comentes. Tiempo de lectura medio (4 horas) + tiempo de comentario por correo, si se hace con respeto para el autor y su obra (1 hora). Conclusión: más que la lectura de un libro, te piden que entregues 5 horas de tu vida.
  • Un empresario amigo te propone una charla a su equipo en un retiro que tiene lugar en una casa de colonias. Miras en el mapa y está a dos horas de donde vives. 4 horas entre ida y vuelta + un par de horas de charla = 6 horas de tu vida.
  • Una escritora novel te pide que la acompañes en la escritura de su manual de coaching. Reuniones periódicas + lectura de los capítulos + edición párrafo por párrafo + retoques finales = como mínimo, 100 horas de tu vida.

Este es el tipo de peticiones que hay en mi mundo profesional. Si solo fueran estas tres, entregaría mi tiempo gustoso, pero el problema es que cada semana me envían una docena de libros y me piden muchos más favores que se pagan en horas.

Solo puedo atender una mínima parte, ya que de otro modo no tendría vida. Cada día me llegan un centenar de peticiones de las cosas más diversas. Cuando no contestas lo que la otra persona quiere oír, a menudo se muestra ofendida o te responde con un silencio reprobatorio.

No importa, porque estás salvando tus horas, estás salvando tu vida.

Como explica Xavier Guix en su libro El problema de ser demasiado bueno, para recuperar tu vida has de vencer el impulso natural de satisfacer a todo el mundo. Va ligado al instinto de supervivencia, ya que nuestros ancestros dependían de la protección del grupo y, por lo tanto, necesitaban ser aceptados.

Hace tiempo, mi amiga Jenny Moix, sabiendo que me cuesta no complacer, me propuso que anotara en una libreta cada «No» que doy y cómo me he sentido después. Hoy pienso que ese registro puede ser más eficaz aún si lo convertimos en un «libro de las horas».

En la Edad Media se llamaba así a los manuscritos hechos a mano por los monjes con rezos y salmos.

En este Libro de las Horas contemporáneo y personal, propongo contabilizar las horas que nos ha ahorrado cada «No» que hemos sabido decir. Por ejemplo:

  • Declinar educadamente la invitación a una boda a la que no te apetece ir, ya que acudirías solo por compromiso. Entre viaje de ida y vuelta, ceremonia y fiesta, has ahorrado +12 horas.
  • Tomar un café con un excompañero de trabajo con quien en realidad no tienes nada en común. Ir, volver y café, has ahorrado +2 horas.
  • Leer un libro que te aburre a más no poder, solo porque te lo han regalado o porque lo ha escrito alguien que conoces. Si lo paras a tiempo, ahorras digamos + 4 horas.
  • Vas al cine, pero no te gusta nada la película que estás viendo. Si sales, ahorras +1’5 horas.
  • Te piden acudir a una reunión para que des tu opinión sobre un proyecto que en realidad no te importa. Si te escaqueas, ahorras por ejemplo + 4’5 horas.

Con estas cinco medidas habrás ahorrado ya 24 horas. Un día de tu vida que en realidad son dos de vigilia o cuatro por lo que respecta al tiempo libre del que disponemos.

Bill Gates afirmaba: «La diferencia entre las personas exitosas y las personas realmente exitosas es que estas últimas dicen No a casi todo

Decir «No» y darnos cuenta del tiempo que dejamos de entregar no nos lleva a ser personas egoístas, como pudiera pensarse. Justamente liberas tiempo para poder estar en las cosas realmente importantes de tu vida y la de los demás.

Si no tienes el calendario copado de obligaciones, puedes escuchar al amigo que está triste porque pasa por un mal momento, así como acompañar mejor a las personas con las que en realidad quieres estar. Y a su vez tendrás tiempo para ti que te permitirá crear cosas que, al final, benefician a la humanidad.

Hermann Hesse prácticamente no publicó nada los últimos 20 años de su vida porque se sentía obligado a contestar las miles de cartas que le mandaban los lectores. ¿No habría sido mejor no hacerlo y legar a la humanidad otras obras como Demian o Siddhartha? Con ello habría beneficiado a millones de personas.

Uno de los motivos por los que nos cuesta decir «No» más a menudo es porque tememos resultar antipáticos a los demás. Pero es mejor caer mal que hacer lo que en realidad no quieres hacer y dejarte la vida —el tiempo— en ello.

Feliz semana,

Francesc

Comparte este artículo