Buenas noches,
Quienes me conocen ya saben de mi afición por volver a los lugares que me encantan. Y uno de ellos es Hong Kong.
No contento con regresar, suelo visitar de nuevo los mismos lugares donde fui feliz. En mi tercer viaje a esta ciudad donde confluyen Oriente y Occidente, esta vez con mi compañera, he vuelto a pasear por la Avenida de las Estrellas, desde la que se contempla tal vez el mejor skyline nocturno del mundo. También hemos entrado en Fortnum & Mason, filial de la clásica tienda londinense de té donde se puede tomar una deliciosa cena con vistas a la bahía.
En los próximos días quiero subir otra vez al Victoria Peak, desde donde se goza de una visión aérea espléndida de Hong Kong, que tiene un excelente feng shui. Caminaremos por las viejas calles, donde hay tiendas como esta, vigilada por un «gato preocupadito», como dice mi compañera. También visitaré una buena amiga escritora que se instaló aquí por carambolas del destino.

Aunque no lo pretenda, seguro que descubriré nuevos lugares y gentes que me darán razones para regresar, mientras haya vida. En Hong Kong todo cambia, y al mismo tiempo hay cosas que no cambian nunca.
Esta es la patria de Bruce Lee, cuya estatua es venerada en la Avenida de las Estrellas. Recordemos un poco su historia.
Siendo estudiante de secundaria en un instituto católico de Hong Kong, fue expulsado por mala conducta, además de la fama de pandillero que tenía en su ciudad. Aquella era una época en la que las bandas juveniles luchaban entre sí. De hecho, el padre de Bruce Lee decidió apuntarle a clase de artes marciales cuando un grupo rival trató de darle una paliza.
El chico de la calle que siempre andaba en peleas se tomó muy en serio su formación y, de hecho, acabó integrando distintos estilos, incluyendo el boxeo o el esgrima, en el suyo propio.
Tras instalarse en Estados Unidos, empezó a estudiar filosofía en la Universidad de Washington. Para costearse las clases y su pequeña habitación sin ventanas, daba clases de artes marciales en los parques públicos.
Su creciente número de discípulos le animaron a alquilar un local, mientras su fama iba en aumento. Bruce Lee acabaría siendo el profesor de artes marciales de Steve McQueen, Roman Polansky o Lee Marvin, entre otras estrellas de Hollywood, cosa que le llevó a participar en películas y series, convirtiéndose en una estrella global.
Medio siglo después de su misteriosa muerte en Kowloon, desde donde escribo esta noticia del lunes, recojo tres de las muchas inspiraciones que nos dejó habiendo vivido solo 33 años:
- No reces por tener una vida sencilla, reza por tener la fortaleza de resistir una vida difícil.
- Yo no temo al hombre que ha practicado 10.000 patadas una vez, temo al hombre que ha practicado una patada 10.000 veces.
- La clave de la inmortalidad es vivir una vida que valga la pena ser recordada.
Gracias por sabiduría y por tu legado, Pequeño Dragón.
¡Feliz semana!
Francesc