Mis cinco Ikigais (hasta ahora)

Buenas tardes,

La semana pasada tuve la suerte de acompañar al equipo directivo de las escuelas Vedrunas en unas jornadas con alumnos de toda Cataluña. Se dirigen a los chicos y chicas de bachillerato que están a punto de elegir su futuro después de la selectividad.

Los organizadores de estos eventos, en los que explico a los jóvenes todas las herramientas que tienen a su disposición para encontrar su camino en la vida, son las personas con más ikigai que he conocido. En la foto de abajo salgo con uno de ellos, Manel Salas, que vive por y para inspirar a los alumnos. Ojalá hubiera encontrado a alguien como él cuando, de adolescente, iba perdido por la vida. 

Y ya que hablo de mi experiencia, como prometí la semana pasada, voy a contar los cinco ikigais por los que he pasado, mientras se va acercando la fecha de publicación de El ikigai del dinero, que enseña estrategias para hacer de tu pasión tu medio de vida.

  1. VIAJERO

Antes decía en las entrevistas que no descubrí mi primer ikigai hasta los 27 años. Ahora me doy cuenta de que sí tenía uno desde los 17 años. Fue entonces cuando hice mi primer viaje al extranjero por mi cuenta, en compañía de mi amigo JR, y descubrí que viajar era algo por lo que valía la pena vivir.

Tal vez por eso, de los 17 a los 27, cuando alguien me preguntaba cuál era mi profesión, solía contestar: «Soy viajero, pero puedo trabajar de cualquier cosa». Todos los empleos temporales que tuve, e incluso mis voluntariados en distintos países, tenían que ver con ese ikigai, por inconcreto que parezca. Cuando me preguntaban por qué no paraba de viajar, mi respuesta era: «Porque cuando estoy en un tren, al menos sé que voy hacia algún sitio».

  1. PROFESOR DE ALEMÁN

La pasión me duró dos o tres años a lo sumo. Siempre me ha gustado enseñar, especialmente a quienes piensan que no son capaces de aprender algo. Por eso mismo diseñé, a partir del método de mi maestro, las clases de Piano Satori. Sin embargo, un gran profesor de idiomas ha de ser feliz repitiendo, como cuando Sinatra cantaba el My Way por enésima vez, y después de haber tenido veinte grupos de principiantes, descubrí que empezaba a aburrirme.

  1. EDITOR DE LIBROS

Cuando, tras unos años trabajando de traductor, me ofrecieron trabajo de editor de mesa, pensé que ese sería mi ikigai hasta el fin de mis días. Me obsesioné totalmente con esa misión. Leía cada semana el Publisher’s Weekly, entraba en librerías de todo el mundo a fisgonear, me colaba en ferias del libro… En mi mesita de noche siempre había catálogos editoriales y gruesos manuscritos que debía leer o corregir. Trabajaba dieciséis horas al día, de lunes a domingo, pero era feliz.

Lo que mató ese tercer ikigai fue un ambiente laboral tóxico. Aunque en nuestro sello publicábamos libros de desarrollo personal, psicología y espiritualidad, el mobbing estaba a la orden del día, hasta el punto de que era para mí un sufrimiento ir a la oficina. Empecé a deprimirme y a despertarme a las cuatro de la madrugada con ansiedad. «No quiero volver allí», me decía. Finalmente, dejé el trabajo y me largué a la India. Se acabó lo de ser editor, aunque esa pasión me sigue acompañando de forma subterránea. Siempre habrá un editor oculto dentro de mí.

  1. ESCRITOR

 

Tras ser profesor de alemán, traductor y corrector, una vez quemadas las naves de la edición, solo me quedaba hacerme escritor. Al regresar de la India, con una mano delante y otra detrás, me tomé mucho más en serio la cosa de escribir. A la fuerza ahorcan, así que cada mes hacía de negro literario, de sherpa para nuevos autores, además de escribir manuales de autoayuda bajo seudónimo y de intentar publicar mis novelas.

De tener un sueldo fijo a arañar pequeñas cantidades escribiendo había un mundo, así que la transición no fue fácil. Para acelerarla, cuando contaba 37 años, me lancé un ultimátum: o a los 40 te ganas bien la vida con esto, o dejar de escribir como actividad principal. La presión generó un “clic” dentro de mí y logré pasar a otro nivel

  1. CONFERENCIANTE

Puedo decir que mi actual ikigai me escogió a mí. Nunca he sido amigo de los escenarios, pero me empezaron a pedir que hablara ante toda clase de audiencias. Al parecer, el mundo necesitaba que yo diera charlas en congresos, teatros y aulas. También en talleres para pequeños grupos, com el del Mandarin Oriental de Zurich que tuvo lugar ayer por la mañana con gente brillante y maravillosa.

Sigo escribiendo, pero ayudar a los demás a encontrar su ikigai es ahora mi actividad principal, lo que la vida quiere de mí. Si me esperan otros propósitos en el futuro, lo desconozco totalmente.

Te invito a que hagas tu propia lista de los ikigais que has tenido a lo largo de tu vida. ¿Cuál es el actual? Si no lo tienes todavía, ¿cuál intuyes que podría ser el próximo?

¡Un fuerte abrazo!

Francesc

Retiro: Descubre e in-corpora el Ikigai en tu vida, con Anna Sólyom

Por cierto, después de mucho tiempo sin hacerlo en España, el próximo 24-25-26 de abril voy a dar con mi compañera Anna Sólyom un taller presencial de fin de semana en un emplazamiento maravilloso de la sierra de Gredos. Tenéis la info aquí: https://hospederiadelsilencio.com/retiro/descubre-e-in-corpora-el-ikigai-en-tu-vida-con-francesc-miralles-anna-solyom/

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