Buenos días,
La memoria es sin duda un tema fascinante, sobre todo porque es mucho más incierta y fantasmal de lo que solemos creer.
En mi primer recuerdo infantil, con unos tres años, voy de la mano de mi madre y me sorprendo al ver un loro que come una fresa que sostiene con su pata, en una pajarería de las Ramblas. No sé si lo viví o es el recuerdo de un sueño.
Otras cosas dudosas que recuerdo es, por ejemplo, un aforismo de Buda que acostumbro a citar y que me aseguran que el iluminado nunca dijo. «Ha de ser tuyo», me insiste Héctor García, «pero por alguna razón se lo atribuyes a él».
Puesto que la mente a menudo no distingue entre lo que percibe desde fuera y lo que se proyecta desde dentro, todos recordamos cosas que nunca han sucedido. Dean Koontz escribió un thriller sobre esto, y en psicología se habla incluso del «efecto Mandela», cosa aún más fascinante: se da cuando un grupo —a veces muy numeroso— de personas comparte un recuerdo falso.
Por ejemplo, en 2009 una investigadora recogió que miles de personas recordaban que Nelson Mandela había muerto en la cárcel en la década de 1980, cuando en realidad viviría hasta el 2013. La explicación de este fenómeno es compleja y tiene que ver con los huecos que rellena la memoria.
Otro ejemplo que se suele citar para esta clase de fenómeno es el de C-3PO, que todo el mundo recuerda como un robot de piernas doradas, cuando en realidad (solo hay que mirar una foto) tiene una pata dorada y otra plateada.

La memoria tiene a completar huecos e incluso a cimentar con fantasía aquello que no existe o que nunca ha ocurrido. ¿No es fascinante?
Ampliaré este breve post cuando hable de un ensayo que, a primeros de octubre, publico con mis buenos amigos Álex Rovira y Xavier Guix. Después de tantas coautorías, será mi primer libro a seis manos, lo cual es ya extraordinario.
¡Feliz semana!
Francesc