Buenos días,
Tal vez sea en la industria editorial donde más difícil es prever un éxito, pues en las listas siempre hay «cisnes negros», utilizando el término de Nassim N. Taleb. Es decir, nuevos temas o nuevos autores cuyo impacto nadie vio venir.
Al menos en nuestro país, nadie conocía a la autora de La Asistenta antes de que se publicara esta novela. Hoy es un fenómeno superventas con adaptación al cine que se estrenará en enero. Y lo mismo sucedió con El Alquimista, cuyo editor original me confesó que los primeros meses vendía muy poco. Tardó un año en explotar.
Como exeditor y autor de incontables libros (ni yo los tengo todos), puedo pronosticar lo que pasa con el 99% de los títulos que publican las grandes editoriales: nada. Bueno, nada relevante. Muy pocos de ellos llegan a reeditarse, y que una obra se convierta en un longseller es más raro que ver un lince ibérico en una excursión al campo.
Lo común es que una obra de no-ficción venda sobre los mil ejemplares, pese a tener su lanzamiento y una buena distribución, y muchas novelas no llegan a superar los 400 ejemplares vendidos.
Yo me incluyo en estas cifras, por mucho olfato para el éxito que tenga. Siempre digo que 6 de cada 7 libros que publico pasan sin pena ni gloria. Por lo tanto, si eres mi editor, ojalá seas el de ese séptimo.
Ni si quiera yo puedo prever cuál de mis libros va a funcionar, porque no los escribo para eso y el éxito editorial, como he dicho al principio, es un enigma. Te pueden montar una enorme campaña y no reeditar nunca ese título, y luego escribir algo por capricho, pensando en un público muy minoritario (ese fue el caso de Ikigai), sin publicidad alguna, y descubrir cuando lo publicas que el mundo entero lo estaba esperando.
Esa es la magia de los libros y del arte en general.
Tal como explico en mi biografía Escrito en la Tierra, debo de haber parido media docena de cisnes negros, desde que empecé a escribir profesionalmente a finales del siglo pasado (qué raro suena eso). Eso sin contar las autoras —casi siempre son escritoras— a las que he ayudado a triunfar.
Mi séptimo cisne negro, contra todo pronóstico, tiene toda la pinta de ser la novela que se publica hoy, El teléfono de Dios. No me alargaré sobre el curioso origen de esta historia, que implicó la ayuda de dos amigos que me acompañan en la portada y un editor con el que trabé amistad en Japón. Si queréis una larga entrevista sobre este libro, entre otras cosas, esta que ha salido hoy es estupenda:
El protagonista de esta historia, un hombre aburrido de la vida, recibe el número teléfono de Dios de una indigente a la que ha invitado a cenar. Al principio, le cuesta de creer que eso sea posible, pero cuando, tras marcar el número por curiosidad, empieza a recibir llamadas de una voz que parece conocer cada detalle de su vida, decide aprovechar la oportunidad de preguntarle todo lo que no entiende de la existencia.
Y hasta aquí puedo contar.
Hace años que tengo la fantasía de qué pasaría si me dieran línea directa con Dios, así que cuando mis compañeros en esta aventura editorial (los puedes ver en la portada de abajo) me pasaron una pequeña biblia de temas dialogados y la entrevista a un hombre que regresó de una ECM, me dije: voy a escribir esa novela.
Las pocas personas que lo han leído antes de ir a imprenta aseguran haberse emocionado hasta las lágrimas, pero no le di mayor importancia, porque tengo amistades bastante frikis.
Sin embargo, mientras llegaba este día de lanzamiento, otros signos indicaban que El teléfono de Dios iba a impactar hasta sabe Dios dónde, nunca mejor dicho. Antes de llegar a las librerías, eran tantas las peticiones de ejemplares que se tuvo que reimprimir dos veces. Es decir, en su primer día de vida el libro va por la tercera edición.
Otra señal es que una gran editorial brasileña ha hecho ya una oferta en firme para traducir el libro y publicarlo cuanto antes. Una decena más están leyendo para publicarlo en otras lenguas. Todo esto en el día 1 de El teléfono de Dios.
Las primeras entrevistas sobre este asunto, que creo que me va perseguir largo tiempo, me han hecho pensar mucho acerca de mi relación con lo trascendente. Para quien sigue una determinada religión, allí está su Dios. Para quien lo considera algo más abstracto e indefinible, Dios puede dar nombre al misterio de la vida, que nos habla a través de mensajes sutiles, intuiciones, sincronicidades y sueños, entre otros.
El silencio de Dios del que hablaba Bergman en sus películas muchas veces es la sordera del ser humano. Como comprende el protagonista de esta novela, se trata de atreverse a escuchar, puesto que tu dios o diosa personal nunca está comunicando. ¿Y qué nos dice? Tendrás que leer la novela para saberlo.
La semana que viene os llevaré de viaje a un lugar remoto y mágico de la India, de donde estoy regresando ahora mismo. De hecho, escribo este MN a 9.000 metros del suelo, literalmente en el cielo. No podría ser más adecuado.
Un abrazo y te deseo una semana divina,
Francesc
