Otros misterios

Buenas tardes,

En las horas previas a la mágica verbena de San Juan, que celebra la entrada al verano —en este hemisferio del mundo— y sirve para quemar todo aquello de lo que nos queremos deshacer, volveré a hablar del misterio. Es un tema que ya visitamos en un post de inicios de mes que se llamó EL MUNDO ES UN LUGAR MISTERIOSO.

Para un proyecto literario que emprendimos Xavier Guix, Álex Rovira y un servidor, del que tendréis noticias a la vuelta de vacaciones, se decidió que uno de los capítulos versara justamente sobre el Misterio.

«¿Qué misterio?», puede que te preguntes. Y mi respuesta es: el que envuelve la vida, el nombre que damos a todo aquello que no comprendemos o que no podemos controlar.

En esta categoría entrarían las sincronicidades, las serendipias, las corazonadas y una larga lista de palabrejas con la que etiquetamos todo aquello que escapa a nuestro entendimiento.

Hay personas permanentemente conectadas al misterio. Y otras que viven en el misterio mismo. Una de ellas es mi buen amigo Álex Rovira.

Recuerdo que una noche, hace quince años, que organizaba en mi estudio una velada de piano y poesía, al ver a mi pareja subir por la escalera, le dijo:

—Ahí dentro llevas un niño.

No tenía manera de deducir eso, puesto que ella estaba delgada como siempre y no sabíamos que íbamos a ser padres. Su comentario hizo que realizáramos la prueba y, en efecto, estaba embarazada de un niño que a finales de este verano cumplirá 15 años.

En otra muestra reciente, más pequeña y cotidiana, hace una semana fuimos al programa de televisión La Selva de TV3 a hablar de nuestro libro Homo Solver.

Yo llegué antes que Álex, que venía de mucho más lejos, y empezaba a hacer mucho calor. Mientras esperaba en la recepción, fui a la máquina expendedora para comprar un agua. Acostumbrado a los precios abusivos de aeropuertos y otros lugares públicos, me sorprendió que costara menos que en un supermercado: 30 céntimos de euro.

Cuando casi me la había terminado, vi que mi amigo entraba por la puerta y me acerqué a recibirle. Con la botella en la mano, le hice una pregunta tonta:

—¿Has comprado alguna vez algo en esa máquina expendedora de allí al fondo?

—No… Hace mucho que no vengo por aquí. ¿Por qué lo dices?

—¿Cuánto dirías que cuesta un agua?

—Treinta céntimos —dijo con seguridad mientras caminábamos hacia el interior de la tele.

Ni siquiera se giró para leer en mi mirada si lo había acertado. Simplemente, lo sabía.

Las veces que he charlado con él sobre estas cuestiones, me asegura que son cosas que le pasan continuamente. Forman parte normal de su vida.

Por supuesto, he vivido muchos otros momentos en los que el misterio, o incluso la magia, se hace presente. Y por más que mi mente lógica, que trata de encontrar una razón a todo, se esfuerza en dar con una respuesta, solo acuden nuevas preguntas.

Quizás la magia de la vida resida en este no-saber, del mismo modo que una película o una novela nos gusta porque ignoramos adónde nos llevará. Mientras permanecemos en el misterio, como en la física cuántica, todas las posibilidades coexisten a la vez. Nada está escrito todavía porque todo está por hacer.

¡Feliz semana!

Francesc

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