
Como quizás sepas por un MN anterior, hace unas semanas estuvimos en Brighton viendo a Nick Cave en vivo. Posteriormente he leído que fue el concierto de pago más multitudinario de la historia de la ciudad: 50.000 almas estaban allí.
Preston Park se convirtió por un día en un parque temático dedicado al artista australiano. Además de las largas colas bajo el sol en las tiendas de «merch», en el escenario proyectaban anuncios sobre los Red Hand Files.
Yo no sabía qué diablos era eso, pero, al regresar, mi amiga Isadora, que es gran fan de Cave, me lo explicó con cariño. Se trata de un blog en el que puedes mandarle preguntas. De vez en cuando contesta alguna que le parece relevante.
¿Y qué se le puede preguntar a un tipo tan singular como él?
Desde luego que es la última persona a la que pediría consejo sobre la crianza de hijos, en vista de su catastrófica experiencia. Sí puede decir algo valioso sobre el amor de larga duración, pues lleva casado casi 27 años. Y sin duda es quien mejor sabe estar en escena, aupado por el público como un predicador en trance.
Siguiendo el consejo de Austin Kleon de robar como un artista, esta faceta suya me ha inspirado a probar, a partir de la próxima semana, algo que llevaron a cabo con tesón personajes tan distintos como la Señorita Francis o Hermann Hesse.
Para que no me suceda como al autor de Siddhartha, quien las últimas décadas de su vida apenas pudo escribir libros porque se sentía obligado a atender todas las cartas de los lectores —contestó varios miles—, esto mío será mesurado como lo de Nick.
A modo de experimento, me propongo los próximos lunes contestar 1 pregunta cada semana entre las que me queráis mandar, sea a través de Substack, de IG o por otros medios. Entre todas ellas elegiré la que me parezca más curiosa o de interés general.
Sí pido que la pregunta sea corta y concreta. Por ejemplo: «¿Qué hacer cuando un buen amigo deja misteriosamente de contactarte?», «¿Cómo puedo saber si mi manuscrito es publicable?» o «¿Por qué no te tomas la música más en serio?»
Teniendo en cuenta que no soy psicólogo ni tampoco un oráculo infalible, solo puedo decir que contestaré desde mi experiencia y visión. Por eso, elegiré una pregunta en la que sienta que puedo contestar algo útil.
Evitemos, sobre todo, lo que sucede a menudo en las presentaciones. Cuando llega el turno de las preguntas, siempre hay alguien que se levanta y suelta una perorata de varios minutos, contando su vida o su opinión sobre algo que no viene a cuento, mientras tú te dices: Pero… ¿cuál es la pregunta?
Combinaré este pequeño consultorio con las noticias e historias que voy compartiendo cada lunes. ¡Gracias por seguir aquí!
Un fuerte abrazo,
Francesc