Buenas noches,
Hace semanas que no paso por aquí, quizás porque esperaba a tener una buena historia para compartir. Y creo que la que sigue es una.
Entre el aluvión de correos que me llegan todos los días, en enero me escribieron desde la editorial de Ikigai en Azerbaiyán. Quien firmaba el correo se llamaba Afag, y por el tono del mensaje deduje que era el propietario de la compañía. No sé por qué, me imaginé a un hombre de sesenta años con sobrepeso y un poblado mostacho, decidido a exprimir mi visita a este país del que no sabía nada.
Tras aclararle que no daría ningún curso, como me proponía, sino solo charlas, entrevistas y firmas de libros, fijamos los tres días en los que tendría lugar el viaje de promoción.
Jueves pasado aterricé en el aeropuerto de Bakú, donde me estaba esperando una encantadora joven de treinta y pocos años, vestida totalmente occidental.
—¿Ha venido Afag? —le pregunté mientras nos dirigíamos al coche.
—Sí —contestó—. Yo soy Afag.
Allí me di cuenta de los prejuicios que nos formamos de los lugares que no conocemos. Yo esperaba llegar a un país machista, con las mujeres relegadas a un segundo plano. En mis prejuicios no cabía la posibilidad de que el viaje fuera iniciativa de la joven directora de márketing de la editorial.

Al conocer el staff de la compañía, vi que estaba compuesto sobre todo por veinteañeras. También eran mujeres las tres periodistas que me entrevistaron durante una hora en el programa de televisión más visto del país, que se traduce como Zapatos de Tacón.
Luego me llevaron a otro programa de televisión, al podcast más escuchado del país y a un encuentro con líderes en un auditorio lleno. Al día siguiente, una firma de libros que duró tres horas y media, donde firmé cerca de tres cientos libros.

En mi último día, mientras paseaba por el boulevard del mar Caspio con Afag y Sarkhan, que además de trabajar en la editorial es videoblogger de libros, este último me dijo:
—He calculado que los buenos lectores leen de promedio 1000 libros a lo largo de toda su vida, porque dos al mes son veinticuatro al año, y la fiebre lectora puede durar unos cuarenta años, quizás algo más. Creo que la obligación de ese lector es decidir cuáles son los tres libros imprescindibles sobre los 1000 y dedicar su vida a darlos a conocer.
Me pareció una propuesta tan bella que, nada más regresar a Barcelona, en una comida con el editor Jordi Nadal le pregunté cuáles eran sus tres libros imprescindibles. Tras pensarlo un rato, me dijo:
—La peste de Camus, La provincia del hombre de Elias Canetti y, quizás, El principito.
¿Cuáles son los tres libros de tu vida? Aunque mis gustos son de sobra conocidos, prometo en la próxima MN precisar los míos.
¡Feliz semana!
Francesc