Volver a casa

Buenas noches,

Estoy disfrutando del invierno templado de Barcelona tras pasar varios días con mi compañera en Tromsø, donde la temperatura la primera mañana, al despertar, era de -16º.

Además de contemplar auroras boreales resistiendo un viento helador, alimenté a un grupo de renos a unos -20º, durante la visita a un asentamiento sami, los aborígenes de esta parte del Ártico.

 

Esta experiencia de reconexión con la naturaleza, en la larga noche sobre el Círculo Polar, me ha hecho pensar en la aventura que he plasmado en El Bosquimano, una novela muy particular que saldrá el 19 de febrero.

Está inspirada en la historia real de unos jóvenes que trataron de vivir del bosque, como cazadores-recolectores, durante el confinamiento. Hablaré más de esta novela en un par de semanas. De momento, aquí muestro la portada en castellano y catalán.

«La forma más clara de ver el Universo es través de la naturaleza salvaje de los bosques», aseguraba el naturalista John Muir, que promovió los primeros parques nacionales. Y yo añadiría que los bosques y el cielo nocturno son la vía más directa al interior de uno mismo.

Cuando el mundo te supera y las preocupaciones se convierten en una serpiente de angustia que te separa de la vida, levantar la cabeza al cielo, aunque sople un viento helado, es volver a casa.

Al abrirte a la naturaleza también sales de las estrecheces de ti mismo. Te das cuenta de que la realidad es algo mucho más grande y misterioso que las fijaciones que dan vueltas por tu cabeza.

Y no hace falta cruzar el círculo polar, ni ver auroras boreales. Para transformarte puedes ir al bosque más cercano, incluso a un parque para compartir el silencio sabio de los árboles. El mismo John Muir decía que «entre cada dos pinos hay la entrada a un nuevo mundo».

Si cruzas el umbral con esa certeza, cualquier cosa puede suceder.

¡Feliz semana!

Francesc

 

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