El placer de las cartas

El tipo de comunicación que se desarrolla en las cartas no tiene nada que ver con la conversación hablada, y aún menos con los escuetos mensajes de teléfono —o los engorrosos audios— que nos mandamos.
No son fracasos, son preaciertos

Todo acierto se hace de preaciertos. Me parece una palabra preciosa, preaciertos, mucho mejor que fracasos.